El ritual del te, esta repeticion precisa de los mismos gestos y de la misma degustacion, este acceso a sensaciones sencillas, autenticas y refinadas, esta licencia otorgada a cada uno (...) , el ritual del te, pues, tiene la extraordinaria virtud de introducir en el absurdo de nuestras vidas una brecha de armonia serena.
Entonces, tomemos una taza de te.
Se hace silencio, fuera se oye soplar el viento, crujen las hojas de otoño y levantan el vuelo, el gato duerme, bañado en una calida luz. Y, en cada sorbo, el tiempo sublima, muerto sin dejar de estar vivo, a anestesiar los malos sentimientos pero tambien los buenos para no sentir la nausea de ser uno mismo.
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